Hoy culminó una etapa de mi vida, bueno me la hicieron culminar, pero al fin y al cabo terminó y punto.
Me refiero nada más y nada menos que a una bonita relación que tuve por internet con una chica argentina.
Duró poco menos de un año y cuatro meses. Fue el año con cuatro meses más lindo que jamás he vivido a pesar de no haberla podido sentir nunca, de nunca haberla podido besar ni abrazar o susurrarle al oído lo mucho que la quiero.
Quizá muchos puedan preguntarse cómo alguien que habla tan bien de una relación que terminó puede actualmente estar sin esa persona y pues la respuesta es tan simple como complicada.
Lo simple es la distancia. No soy de los que piensan que la distancia le ganó al amor ya que yo todavía la quiero. No estoy seguro si por el lado de ella aún perdure su cariño por mí, pero debo aclarar que fue ella quien propuso el que cada quien siga su camino.
Lo complicado es todo lo que contrae dicha distancia, dicha internacionalidad. Papeleos, trabas documentarias, dinero, trabajo, posibilidades de poder sobrevivir en una tierra extraña en la que ni ella misma, siendo de ese lugar, sabe cuál será su destino.
Lo cierto es que nunca pensé que Argentina estuviera tan mal, pero aún enterándome de ello estuve dispuesto a intentarlo. Desgraciadamente, las cosas se dieron así.
Y ni que decir de su madre, ya por las fechas en que esto ocurre supongo que conocerán de qué época es y la manera en como más o menos piensa. Definitivamente un obstáculo en el desarrollo de ella, mi ex novia, y una traba constante en el camino.
De mucho de esto hay bastante para aprender y dar a aprender.
Una de ellas es que como ya muchos sicólogos dicen, decir la verdad todo el tiempo no ayuda a una relación. Y es que esto me suena un poco feo porque a uno le trae inmediatamente la idea de mentir. Pero cuando lo piensas mejor, te das cuenta que no necesariamente es así, simplemente es no decir. Y siendo así podría de alguna manera estar de acuerdo.
Lo otro es no dejar que otros decidan por uno. Eso es muy común en personas que son extremadamente dependientes. Yo lo fui durante mucho tiempo y sé perfectamente lo que se siente. Por suerte un día me decidí a que dejara de ser así y pues aunque sigo en la lucha, no me puedo quejar de los resultados que he obtenido.
Además cuando dos personas en verdad se quieren no sólo una debe estar dispuesta a hacer lo imposible por estar juntos sino las dos. Ello, es cierto, implica una confianza ciega en la otra persona pero si eso no se da pues muy difícil será que el uno confíe en el otro para poner su vida en sus manos. Yo estuve a un paso de hacerlo. Finalmente no se dio la oportunidad. Si bien no puedo decir que me alivia, ya que es algo que en verdad quería hacer, no puedo ocultar que algo de disconformidad me quedó de la manera en que todo se frustró.
Por suerte, aceptó que seamos amigos, y pues si bien no será igual que antes, lo esencial de ella que es su personalidad, su manera de ser, su forma de expresarse, lo que dice y cosas de esa naturaleza que delatan el interior de una persona disimularán en alguna medida el que ella ya no sea mi novia. No habrá te quieros, ni la palabra amor dedicada al otro, pero habrán las cosas graciosas que ella nunca dejó de decir, su agradable sentido del humor, sus momentos de pesimismo y depresión, su defensa encarnizada por las cosas esotéricas y sobrenaturales y todas eso que desde el primer mensaje siempre me hicieron verla como una persona muy especial, una persona con la que nunca imaginé que me aventuraría en este año y pico de vivencias muy únicas, muy bonitas.
En una carta que le mandé, le envié unos dijes. Uno de ellos era una llavecita, que encaja perfectamente en un corazón de plata que tengo grabado con mi nombre. La llave tiene su nombre. Y el otro es una mitad de un corazón en el que hay un chico grabado a un lado y mi nombre en el otro.
Esos dijes siempre tuvieron un significado muy especial para mí. Nunca supe si tuvieron el mismo significado para ella o si solo los veía como simples recuerdos. Para mi simbolizaban la promesa de un día estar juntos y poder juntar los dijes y completar la figura.
Si bien en cierto en ese tipo de simbologías cuando una relación se destruye para siempre el que la rompe debe devolver los dijes al otro, yo prefiero dejar esos dijes en poder de ella como una muestra de que esa promesa yo no la he roto y que por más que seamos amigos, algún día iré para poder unirlos aunque sea como un acto meramente simbólico y de paso para conocernos personalmente. Esta vez no se los pedí porque tengo la pequeña esperanza de que con el tiempo ella se enamore nuevamente de mí y entonces esos dijes vuelvan a tener el enorme valor que tuvieron hasta el día de hoy.
Cuando ella decida que ya definitivamente no quiere ni siquiera considerar la posibilidad de estar juntos entonces me los devolverá y eso sin palabras me dará a entender que mis esperanzas de algún día poder besarla y decirle te quiero mirándola a los ojos serán complemente nulas. Eso no se lo dije, pero se lo diré mañana para que lo tenga siempre presente. Sin embargo, sé que debo mantener en reserva mis esperanzas ya que cuando le pregunté si me quería me dijo que no lo sabía...
Seguramente ahora que ya no conversaremos tanto como antes, aunque espero poder seguir conversando con ella todos los días, iré publicando algunas de nuestras vivencias virtuales más sobresalientes, en parte no solo para compartir simplemente la historia sino para compartir la experiencia que viví con personas que pasen por algo similar.
Esta relación (que para mí no ha terminado) no tuvo un final feliz en términos del amor, pero sé de muchas que terminaron muy felices así como de una que otra que terminó en desastre de lo cual también contaré seguramente en algún momento.
Dedicado a P.G.G. con todo cariño y el respeto que te mereces y en nombre del mucho cariño que me prodigaste cuando aún me querías. A pesar de las reglas sociales, yo me rebelo, me pongo de pie y te digo: TE QUIERO MUCHO, AMORE!!!
Absurda Filosofía
sábado, 24 de septiembre de 2011
miércoles, 13 de julio de 2011
Existe el amor virtual?
Ayer me puse a reflexionar sobre la relación que llevo con mi enamorada.
Pero primero veamos los hechos:
• Nunca nos hemos visto personalmente de donde se desprende fácilmente que nunca siquiera la he tocado.
• Nunca hemos tenido la oportunidad de conversar por teléfono debido a limitaciones en su casa con el uso del mismo.
• Si bien ya hemos establecido una fecha de encuentro, ni así podemos asegurar que una vez juntos la relación perdure debido a una serie de razones “logísticas” y emocionales.
• A pesar de ser una relación “virtual”, ya que nos vemos por cámara, se puede afirmar que ambos estamos completamente seguros de la fidelidad y sentimiento de exclusividad del otro. Ambos nos sentimos muy queridos.
Aclarado esto, viene ahora la parte “social”.
Cuando a mis amigos más allegados, por llamarlos de alguna manera, les comento sobre mi relación con ella, de una manera automática surgen preguntas de índole “contacto físico” o al menos “visual”. Todo ello curioseando, más para estar seguros creo, si es que nunca hemos estado juntos. Incluso en muchos casos siempre aparece la típica pregunta testosterónica, “¿o sea que hasta no…? A lo que yo les respondo categóricamente: NO!
Parece ser que la idea de iniciar una relación a la distancia y poder mantenerla durante tanto tiempo en esas condiciones es, para la mayoría al menos, una cosa ingenua y hasta imposible.
Algunas veces escucho comentarios en los que dejan entrever una altamente posible infidelidad con frases como “amor de lejos, felices los cuatro”, “amor de lejos, amor de pendejos” y similares.
Sin embargo, yo no siento pecar de ingenuo al confiar en ella y mucho menos de mantener mi fidelidad hacia ella. Siento que ambos disfrutamos anticipadamente de ese tipo de conducta de dedicación que cualquier pareja cercana se puede dar.
Una cosa es segura. Si ambos hemos podido mantener un sentimiento vivo sin necesidad del contacto físico, entonces eso es un indicador de que el sentimiento trasciende a cualquier otro asunto de carácter físico. Por lo general, son los asuntos de comportamiento y carácter los que terminan con una relación. Los caracteres físicos son fácilmente pasados por alto cuando existe un cariño por la pareja.
En la forma en que nosotros lo miramos, hemos aprendido a mirar todo este tiempo que hemos estado y el que aún nos falta por esperar antes de estar juntos, como un tiempo para ir conociéndonos e ir aceptando algunos defectos del otro y enamorándose de sus buenas cualidades. Así, cuando finalmente nos encontremos, nosotros habremos superado en gran parte esa emoción agridulce de no conocer a tu pareja y no saber a ciencia cierta qué te espera. Nuestra emoción será la de aquel que espera con ansias la llegada de aquello que tanto deseó, ya que durante todo este tiempo nos pudimos conocer lo bastante a nivel sentimental como para tener una idea de con quién tratamos.
La fidelidad? Para mí no es ningún problema, y estoy seguro de que para ella tampoco. Es fácil ser fiel cuando realmente quieres a una persona. Obviamente, todo esto hablando de la más pura forma occidental de amar en la que uno considera la fidelidad con la exclusividad incluida.
No considero mi relación con ella como algo imaginario mucho menos ingenuo. Muchos sí y la razón de ello es porque no se imaginan viviendo una cosa de tamaña magnitud. Para aquellos es necesario poder tocar para creer. Y aún así, ellos pueden estar con una persona y en muchas ocasiones todo no pasa de un manoseo con su respectivo besuqueo y posible “encamamiento” y eso ellos lo consideran más valiosos que una relación como la nuestra. La consideran más segura.
Es ahí donde yo más bien veo la ingenuidad de ellos, ya que una persona te puede ser infiel aún viviendo en tu misma cuadra.
Para nosotros, una relación que dura tanto tiempo como el que tenemos sin el apremio disuasivo de lo físico, es una relación que más posibilidades tiene de mantenerse por una columna de sentimientos que una de carácter físico.
Y entonces, ¿qué tiene que ver el título con todo lo que he escrito?
Pues tenía que explicar primero todo lo anterior para que se pudiera entender lo que yo opino de esa forma de denominar a mi relación con ella.
Muchas veces, mi familia, amigos, y personas que se enteran de mi relación la llaman “tu novia virtual”, “tu relación virtual”, “tu amor virtual”, y cualquier otra expresión que traiga consigo el adjetivo “virtual”. Sin embargo, todos esos usos solo hacen patente la ignorancia que tienen del significado virtual en el contexto que ellos refieren.
Lo llaman virtual por el simple hecho de mantenerse la relación por medio de una conexión a internet y como todo lo que tiene que ver con internet y las computadoras en la actualidad se ha optado por el vicio de llamarlo “virtual” pues resulta lógico calificar una relación entre dos personas sostenida por este medio como “virtual”.
En el sentido informático, virtual se refiere a todo escenario que es creado mediante cálculo computacional. Toda la información se almacena en circuitos eléctricos y es maneja por un procesador central. De esta manera, se crea, por lo general de manera gráfica, un ambiente digital en el que se puede “sumergir” a un ser humano que esté predispuesto a imaginar que el escenario es real. Lo cierto, es que todo ello existe en tanto el computador este encendido. Una vez se apaga, toda esa “realidad” desaparece.
Es por eso, que yo rotundamente me niego a aceptar que a mi relación con ella la califiquen como virtual. Ella no está conformada por un complejo enmarañado de cálculos matemáticos y digitales. No desaparece cuando apagamos la computadora, desaparece su imagen pero físicamente ella sigue en su país. Expresa las emociones tal cual un ser humano y no con la seudoaleatoriedad de un programa informático. A ella sé dónde encontrarla y el inminente encuentro está por venir en una fecha determinada. Ella ríe, llora, se entristece y alegra de una manera que difícilmente va a poder imitar un ordenador. Incluso, nuestros deseos comunes e individuales nos lo expresamos y sabemos que aún con dificultades son perfectamente factibles de ser realizados. Todo eso, por no seguir mencionando más. Alguna de esas cosas la puede lograr alguien con la realidad virtual creada en un computador?? La verdad no lo creo.
Si un día alguien inventa un computador que sea capaz de “crear” digitalmente a una chica de la cual un ser humano pueda enamorarse y finalmente terminar formando una familia, entonces ese día tampoco llamaré a mi novia virtual… solo corregiré mi concepto de la virtualidad por uno que se acerque un poquito más al carácter humano, ese carácter humano que nos da el haber nacido de un vientre materno como lo hicimos nosotros y no sea producto de una compleja serie de cálculos binarios.
Mi novia no es virtual. Mi relación no es virtual. Ella sueña conmigo, ella piensa en mí, ella me quiere y ninguna de esas cosas es una simulación. Ella EXISTE por tanto NO es virtual, la puedo sentir y pronto podré estar junto con ella.
Pero primero veamos los hechos:
• Nunca nos hemos visto personalmente de donde se desprende fácilmente que nunca siquiera la he tocado.
• Nunca hemos tenido la oportunidad de conversar por teléfono debido a limitaciones en su casa con el uso del mismo.
• Si bien ya hemos establecido una fecha de encuentro, ni así podemos asegurar que una vez juntos la relación perdure debido a una serie de razones “logísticas” y emocionales.
• A pesar de ser una relación “virtual”, ya que nos vemos por cámara, se puede afirmar que ambos estamos completamente seguros de la fidelidad y sentimiento de exclusividad del otro. Ambos nos sentimos muy queridos.
Aclarado esto, viene ahora la parte “social”.
Cuando a mis amigos más allegados, por llamarlos de alguna manera, les comento sobre mi relación con ella, de una manera automática surgen preguntas de índole “contacto físico” o al menos “visual”. Todo ello curioseando, más para estar seguros creo, si es que nunca hemos estado juntos. Incluso en muchos casos siempre aparece la típica pregunta testosterónica, “¿o sea que hasta no…? A lo que yo les respondo categóricamente: NO!
Parece ser que la idea de iniciar una relación a la distancia y poder mantenerla durante tanto tiempo en esas condiciones es, para la mayoría al menos, una cosa ingenua y hasta imposible.
Algunas veces escucho comentarios en los que dejan entrever una altamente posible infidelidad con frases como “amor de lejos, felices los cuatro”, “amor de lejos, amor de pendejos” y similares.
Sin embargo, yo no siento pecar de ingenuo al confiar en ella y mucho menos de mantener mi fidelidad hacia ella. Siento que ambos disfrutamos anticipadamente de ese tipo de conducta de dedicación que cualquier pareja cercana se puede dar.
Una cosa es segura. Si ambos hemos podido mantener un sentimiento vivo sin necesidad del contacto físico, entonces eso es un indicador de que el sentimiento trasciende a cualquier otro asunto de carácter físico. Por lo general, son los asuntos de comportamiento y carácter los que terminan con una relación. Los caracteres físicos son fácilmente pasados por alto cuando existe un cariño por la pareja.
En la forma en que nosotros lo miramos, hemos aprendido a mirar todo este tiempo que hemos estado y el que aún nos falta por esperar antes de estar juntos, como un tiempo para ir conociéndonos e ir aceptando algunos defectos del otro y enamorándose de sus buenas cualidades. Así, cuando finalmente nos encontremos, nosotros habremos superado en gran parte esa emoción agridulce de no conocer a tu pareja y no saber a ciencia cierta qué te espera. Nuestra emoción será la de aquel que espera con ansias la llegada de aquello que tanto deseó, ya que durante todo este tiempo nos pudimos conocer lo bastante a nivel sentimental como para tener una idea de con quién tratamos.
La fidelidad? Para mí no es ningún problema, y estoy seguro de que para ella tampoco. Es fácil ser fiel cuando realmente quieres a una persona. Obviamente, todo esto hablando de la más pura forma occidental de amar en la que uno considera la fidelidad con la exclusividad incluida.
No considero mi relación con ella como algo imaginario mucho menos ingenuo. Muchos sí y la razón de ello es porque no se imaginan viviendo una cosa de tamaña magnitud. Para aquellos es necesario poder tocar para creer. Y aún así, ellos pueden estar con una persona y en muchas ocasiones todo no pasa de un manoseo con su respectivo besuqueo y posible “encamamiento” y eso ellos lo consideran más valiosos que una relación como la nuestra. La consideran más segura.
Es ahí donde yo más bien veo la ingenuidad de ellos, ya que una persona te puede ser infiel aún viviendo en tu misma cuadra.
Para nosotros, una relación que dura tanto tiempo como el que tenemos sin el apremio disuasivo de lo físico, es una relación que más posibilidades tiene de mantenerse por una columna de sentimientos que una de carácter físico.
Y entonces, ¿qué tiene que ver el título con todo lo que he escrito?
Pues tenía que explicar primero todo lo anterior para que se pudiera entender lo que yo opino de esa forma de denominar a mi relación con ella.
Muchas veces, mi familia, amigos, y personas que se enteran de mi relación la llaman “tu novia virtual”, “tu relación virtual”, “tu amor virtual”, y cualquier otra expresión que traiga consigo el adjetivo “virtual”. Sin embargo, todos esos usos solo hacen patente la ignorancia que tienen del significado virtual en el contexto que ellos refieren.
Lo llaman virtual por el simple hecho de mantenerse la relación por medio de una conexión a internet y como todo lo que tiene que ver con internet y las computadoras en la actualidad se ha optado por el vicio de llamarlo “virtual” pues resulta lógico calificar una relación entre dos personas sostenida por este medio como “virtual”.
En el sentido informático, virtual se refiere a todo escenario que es creado mediante cálculo computacional. Toda la información se almacena en circuitos eléctricos y es maneja por un procesador central. De esta manera, se crea, por lo general de manera gráfica, un ambiente digital en el que se puede “sumergir” a un ser humano que esté predispuesto a imaginar que el escenario es real. Lo cierto, es que todo ello existe en tanto el computador este encendido. Una vez se apaga, toda esa “realidad” desaparece.
Es por eso, que yo rotundamente me niego a aceptar que a mi relación con ella la califiquen como virtual. Ella no está conformada por un complejo enmarañado de cálculos matemáticos y digitales. No desaparece cuando apagamos la computadora, desaparece su imagen pero físicamente ella sigue en su país. Expresa las emociones tal cual un ser humano y no con la seudoaleatoriedad de un programa informático. A ella sé dónde encontrarla y el inminente encuentro está por venir en una fecha determinada. Ella ríe, llora, se entristece y alegra de una manera que difícilmente va a poder imitar un ordenador. Incluso, nuestros deseos comunes e individuales nos lo expresamos y sabemos que aún con dificultades son perfectamente factibles de ser realizados. Todo eso, por no seguir mencionando más. Alguna de esas cosas la puede lograr alguien con la realidad virtual creada en un computador?? La verdad no lo creo.
Si un día alguien inventa un computador que sea capaz de “crear” digitalmente a una chica de la cual un ser humano pueda enamorarse y finalmente terminar formando una familia, entonces ese día tampoco llamaré a mi novia virtual… solo corregiré mi concepto de la virtualidad por uno que se acerque un poquito más al carácter humano, ese carácter humano que nos da el haber nacido de un vientre materno como lo hicimos nosotros y no sea producto de una compleja serie de cálculos binarios.
Mi novia no es virtual. Mi relación no es virtual. Ella sueña conmigo, ella piensa en mí, ella me quiere y ninguna de esas cosas es una simulación. Ella EXISTE por tanto NO es virtual, la puedo sentir y pronto podré estar junto con ella.
martes, 5 de julio de 2011
En las buenas y en las malas
Por lo general, suelo ver el mundo de una forma bastante analítica. Son muy pocas cosas que tengan un mínimo de notoriedad que no pasen bajo mi escrutinio. Tomo esa información en cuanto aparece y comienzo a analizarlo y a dudar de todo aquello que se pueda dar por sentado sobre dicha información.
Afortunadamente, muchas de las cosas que observo ya tienen una explicación lo suficientemente demostrada como para no tener que “inventar la rueda” a cada momento. Pero hay muchas cosas que quedan sueltas y que generan polémica dentro de mí.
No pienso que sea malo hacer en eso en términos generales. Pero en mi caso sí lo es en parte.
Cuando lo aplico a temas científicos me sirve muchísimo e incluso cuando abordo de manera científica asuntos tan humanos como los sentimientos. Pero es justamente cuando analizo los sentimientos humanos que son tan controvertidos y contradictorios que paralelamente a la satisfacción que me da ponerlos en zona de debate también me generan una enorme inseguridad a nivel sentimental. Más aún con la mala experiencia que alguna vez me tocó vivir.
Una de las cuestiones que más contradigo cuando se presenta la oportunidad es aquella en la que una persona afirma que su pareja es la mejor. Sin embargo, nunca restringen el campo de comparación y mucho menos han evaluados a todas las otras opciones que supuestamente son “menos buenas”. De esta manera uno puede ser el mejor de su ciudad, de su páis, del mundo, del universo, etc. Y por otro lado para poder algo tener el título de “el mejor” es porque quien pone ese calificativo ha evaluado a cada uno de los integrantes que conforman dicho conjunto. Pero, hasta ahora no he visto que en esas cuestiones sentimentales, alguien haya hecho un sondeo de tal magnitud.
Naturalmente, visto de esa manera no es difícil darse cuenta porque en el mundo existen tantos mejores novios, hermanos, papás, mamás. etc. Entonces es cuando uno deja de reflexionar y gastar energías en ello por darse cuenta de la enorme subjetividad que tiene ese título de “el mejor”.
Pero ayer, conversando con mi novia sobre ese tema, específicamente sobre cómo podía ella saber si yo era el mejor novio que ella podía tener alguna vez (que dicho de paso y modestia aparte, siempre me lo hace saber y con una convicción muy especial).
Cuando yo le aplico un mínimo de sentido analítico a lo que ella me dice, automáticamente me sale la odiosa pregunta: ¿significa eso que antes que conmigo has estado con todos los hombres del mundo? Objetivamente hablando es la única manera en cómo ella podría afirmar categóricamente que soy el mejor. Pero no, ocurre que al igual que yo, ambos somos entes muy poco recorridos en el ámbito amoroso por lo que se descarta esa manera de descubrir que soy el mejor para ella.
Y entonces. ¿cómo puede ella afirmar y estar tan segura de que lo soy? La respuesta me llegaría momentos más tarde en esa misma conversación, en la cual, en una mezcla de objetividad y subjetividad, me dejó sin palabras, más precisamente mascullando algunos intentos por decir algo.
Seguíamos debatiendo sobre el asunto y en medio de toda la argumentación propia de cuando se analiza algo yo intento darle la estocada a uno de sus argumentos haciéndole una pregunta: “¿cómo puedes estar tan segura de que no hay nadie mejor que yo? ¿qué harías si un día en medio de la gente que puedas conocer en tu entorno de trabajo aparece un chico que te guste físicamente y que además tenga muchas cualidades que también te gusten y encima de todo te comience a cortejar?” Larga pregunta y su corta respuesta fue: “Nada”
Repregunté: “¿cómo que nada? Estoy hablando de que el chico puede incluso ser mejor que yo en lo que a ti te gusta de mi y encima lo tienes cerca, a tu alcance, no tendrías que esperar para poder tenerlo junto contigo. ¿Qué harías?” Y su respuesta: “Nada”
No le encontraba sentido a su respuesta por lo que nuevamente refuté: “pero ¿qué sentido tiene lo que dices?” y esta vez ella alargó un poco más su respuesta.
“No haría nada porque yo te quiero a ti. Porque tu estuviste conmigo aún cuando estuve mal y ni loca me arriesgaría a estar con otro que me busca solo porque me encuentra bien…”
Me dejó sin mucho que decir no solamente porque me respondió con algo que ella sentía en sí misma sino porque parte de las razones que para ella me hacían único eran cosas que yo había hecho para con ella… intenté decir algunas cosas, balbucearlas más concretamente, hasta que finalmente preferí mantener un honroso silencio y decirle: “No hay mucho que pueda decir ante esa respuesta”
Más tarde cuando nos despedimos, al irme a dormir, me quedé pensando un rato más en ese tema y entonces me di cuenta de que en realidad lo que nos hace únicos para una determinada persona es en gran medida el agradecimiento que esa persona le dedica a uno y el cariño que eso genera, cuando de una u otra manera le has ayudado en alguna o varias cosas en su vida. Es como un tributo que te rinde, es como si te dijera: “No sé si seas el mejor del mundo, pero de lo que estoy segura es que, en mi mundo, tú eres el mejor”
Y entonces terminé de entender por qué en el mundo hay tantos mejores novios, papás, mamás, etc. Sencillamente no había considerado lo importante que es para uno su propio mundo interno. Lo había ignorado y hasta desdeñado.
Cuando ella me dijo esas palabras, toda aquella inseguridad que siempre me aparecía al analizar inclusive nuestra propia relación desapareció. Era como si al decirme todo eso me estuviera protegiendo de lo helados que muchas veces son los números y los conceptos…
Gracias a ella ahora puedo decir sin ningún temor a estar equivocado: “Tú también eres la mejor! “
Afortunadamente, muchas de las cosas que observo ya tienen una explicación lo suficientemente demostrada como para no tener que “inventar la rueda” a cada momento. Pero hay muchas cosas que quedan sueltas y que generan polémica dentro de mí.
No pienso que sea malo hacer en eso en términos generales. Pero en mi caso sí lo es en parte.
Cuando lo aplico a temas científicos me sirve muchísimo e incluso cuando abordo de manera científica asuntos tan humanos como los sentimientos. Pero es justamente cuando analizo los sentimientos humanos que son tan controvertidos y contradictorios que paralelamente a la satisfacción que me da ponerlos en zona de debate también me generan una enorme inseguridad a nivel sentimental. Más aún con la mala experiencia que alguna vez me tocó vivir.
Una de las cuestiones que más contradigo cuando se presenta la oportunidad es aquella en la que una persona afirma que su pareja es la mejor. Sin embargo, nunca restringen el campo de comparación y mucho menos han evaluados a todas las otras opciones que supuestamente son “menos buenas”. De esta manera uno puede ser el mejor de su ciudad, de su páis, del mundo, del universo, etc. Y por otro lado para poder algo tener el título de “el mejor” es porque quien pone ese calificativo ha evaluado a cada uno de los integrantes que conforman dicho conjunto. Pero, hasta ahora no he visto que en esas cuestiones sentimentales, alguien haya hecho un sondeo de tal magnitud.
Naturalmente, visto de esa manera no es difícil darse cuenta porque en el mundo existen tantos mejores novios, hermanos, papás, mamás. etc. Entonces es cuando uno deja de reflexionar y gastar energías en ello por darse cuenta de la enorme subjetividad que tiene ese título de “el mejor”.
Pero ayer, conversando con mi novia sobre ese tema, específicamente sobre cómo podía ella saber si yo era el mejor novio que ella podía tener alguna vez (que dicho de paso y modestia aparte, siempre me lo hace saber y con una convicción muy especial).
Cuando yo le aplico un mínimo de sentido analítico a lo que ella me dice, automáticamente me sale la odiosa pregunta: ¿significa eso que antes que conmigo has estado con todos los hombres del mundo? Objetivamente hablando es la única manera en cómo ella podría afirmar categóricamente que soy el mejor. Pero no, ocurre que al igual que yo, ambos somos entes muy poco recorridos en el ámbito amoroso por lo que se descarta esa manera de descubrir que soy el mejor para ella.
Y entonces. ¿cómo puede ella afirmar y estar tan segura de que lo soy? La respuesta me llegaría momentos más tarde en esa misma conversación, en la cual, en una mezcla de objetividad y subjetividad, me dejó sin palabras, más precisamente mascullando algunos intentos por decir algo.
Seguíamos debatiendo sobre el asunto y en medio de toda la argumentación propia de cuando se analiza algo yo intento darle la estocada a uno de sus argumentos haciéndole una pregunta: “¿cómo puedes estar tan segura de que no hay nadie mejor que yo? ¿qué harías si un día en medio de la gente que puedas conocer en tu entorno de trabajo aparece un chico que te guste físicamente y que además tenga muchas cualidades que también te gusten y encima de todo te comience a cortejar?” Larga pregunta y su corta respuesta fue: “Nada”
Repregunté: “¿cómo que nada? Estoy hablando de que el chico puede incluso ser mejor que yo en lo que a ti te gusta de mi y encima lo tienes cerca, a tu alcance, no tendrías que esperar para poder tenerlo junto contigo. ¿Qué harías?” Y su respuesta: “Nada”
No le encontraba sentido a su respuesta por lo que nuevamente refuté: “pero ¿qué sentido tiene lo que dices?” y esta vez ella alargó un poco más su respuesta.
“No haría nada porque yo te quiero a ti. Porque tu estuviste conmigo aún cuando estuve mal y ni loca me arriesgaría a estar con otro que me busca solo porque me encuentra bien…”
Me dejó sin mucho que decir no solamente porque me respondió con algo que ella sentía en sí misma sino porque parte de las razones que para ella me hacían único eran cosas que yo había hecho para con ella… intenté decir algunas cosas, balbucearlas más concretamente, hasta que finalmente preferí mantener un honroso silencio y decirle: “No hay mucho que pueda decir ante esa respuesta”
Más tarde cuando nos despedimos, al irme a dormir, me quedé pensando un rato más en ese tema y entonces me di cuenta de que en realidad lo que nos hace únicos para una determinada persona es en gran medida el agradecimiento que esa persona le dedica a uno y el cariño que eso genera, cuando de una u otra manera le has ayudado en alguna o varias cosas en su vida. Es como un tributo que te rinde, es como si te dijera: “No sé si seas el mejor del mundo, pero de lo que estoy segura es que, en mi mundo, tú eres el mejor”
Y entonces terminé de entender por qué en el mundo hay tantos mejores novios, papás, mamás, etc. Sencillamente no había considerado lo importante que es para uno su propio mundo interno. Lo había ignorado y hasta desdeñado.
Cuando ella me dijo esas palabras, toda aquella inseguridad que siempre me aparecía al analizar inclusive nuestra propia relación desapareció. Era como si al decirme todo eso me estuviera protegiendo de lo helados que muchas veces son los números y los conceptos…
Gracias a ella ahora puedo decir sin ningún temor a estar equivocado: “Tú también eres la mejor! “
domingo, 3 de julio de 2011
Luchar nunca es vano
Hace unos días miraba la tele y caí en un programa de esos que de alguna manera me hacen entrar en una especie de contradicción no tanto por la forma en que se presenta la situación sino por el fondo de la misma.
Contar todo el programa está de más. La escena era la de un hombre que había sido herido. Estaba sólo. Al poco, llegó una persona, desconocida para él por lo que prácticamente no sabía si debía confiar en él o simplemente venía a rematarlo.
Momentos antes de la llegada del extraño se mostraban escenas en las que el hombre herido luchaba por todos los medios para mantenerse vivo, por detener la hemorragia que de seguir lo hubiera llevado inexorablemente a la muerte.
Yo quedé observando fascinado esa escena. Solo una frase circulaba por mi mente en ese momento y tenía que ver con la terquedad de ese hombre para vivir, para no dejarse llevar por la muerte. El hombre estaba en un lugar descampado por el cual prácticamente no pasaban otras personas. Estadísticamente el tiempo en que se esperaba que pasara alguien con posibilidad de ayudarlo era mayor que el tiempo que le hubiera llevado desangrarse. Él parecía saber eso, se notaba en su rostro esa extraña combinación de desaliento y esperanza en lo que no sabía qué podía suceder. Su lucha por prolongar su vida, no era para prolongar su sufrimiento sino más parecía que era para poder tener tiempo de pensar en aquellas cosas que vivió, en las personas que quiere y lo quieren y al mismo tiempo arrepentirse de todo lo malo que hizo y lo bueno que no hizo.
Parecía como si todos esos pensamientos de alguna extraña manera lo impulsaran a querer más y por tanto encontrarle un sentido a seguir luchando aunque fuera en vano. El dolor era insoportable pero igual luchaba por seguir viviendo, por seguir sintiendo…
En un momento yo pensé, “por qué simplemente no sueltas el torniquete y te dejas morir, total, después de la muerte no vas a sentir nada y dejarás de sufrir, ni siquiera sentirás el deseo de seguir recordando y pensando en cosas de tu vida”. Pero el tipo seguía luchando.
Mientras las escenas seguían transcurriendo en medio de malabares del tipo por sobrevivir y al mismo tiempo intercalado con escenas de su vida, mis pensamientos me llevaron a otra época, aquella en la que pude ver a mi perrita Sophie en sus últimos días.
Pude ver claramente las escenas de cuando ella estaba cerca mi, desesperada, luchando por dar cada respiro. El cáncer le había tomado prácticamente todos los pulmones y aún cuando su muerte era inminente, ella no lo sabía y seguía luchando por respirar una vez más. En ese entonces, yo solo podía mirarla, no había mucho qué hacer, sólo esperar.
Recordé cómo se me acercaba a pedirme que le acaricie su cabecita. Era como si lo necesitara para recordar lo que vivimos juntos y al mismo tiempo hacerme recordar y valorar lo mucho que ella significó para mí. Era como si buscara reservar un recuerdo en mi memoria y asegurarlo a pesar de ya tenerlo asegurado desde prácticamente cuando llegó a mi vida. Era como si buscara sentir y recordar por última vez la sensación de sentirse querida…
Ella seguía luchando por respirar a pesar de se le iba un poco de vida con cada exhalación.
Finalmente murió. Y hasta ahora tengo el recuerdo de la lágrima que brotó de sus ojitos cuando se fue… Era como si hubiera llorado. Era como si entendiera que está dejando a muchas almas sufriendo con su muerte.
Muchas cosas en la vida no se nos van a pintar necesariamente como las queremos o las necesitamos. Eso es algo que he ido aprendiendo poco a poco.
Afortunadamente aprendí que no siempre lo mejor es huir. Muchas veces es mejor luchar, aunque sea por un tiempo, esforzarte por lograr lo que quieres y si no lo logras pues finalmente conservar el recuerdo de que hiciste lo que pudiste para lograrlo en lugar de recordarte a ti mismo con los brazos cruzados esperando que las cosas se hagan solas. Y reconozco que algunas cosas muy valiosas he llegado a ganar con esa filosofía pero que también he sufrido la derrota y aunque es muy dolorosa, la sensación de haberla sufrido luchando es muy diferente que sin luchar, ni peor ni mejor, sino diferente. Te permite decir en un intento por explicar por qué aquello no forma parte de tu vida: “lo bueno, es que lo intenté…”
Por eso cuando quieras algo, lo que sea, en tanto lo quieras con todas tus fuerzas, no sólo estarás presto a hacer cualquier cosa por lograrlo sino que esa misma fuerza que te da el desear te servirá como impulso…
Yo no pienso rendirme…
¿El programa de televisión? Pues contra todo cálculo probabilístico una persona que supo atender sus heridas pasó por dónde estaba el hombre herido el cual finalmente pudo salvarse. Ergo, muchas veces vale la pena tomar riesgos y afrontar las circunstancias por muy dolorosas que sean, total, después del dolor, solo está la muerte.
Contar todo el programa está de más. La escena era la de un hombre que había sido herido. Estaba sólo. Al poco, llegó una persona, desconocida para él por lo que prácticamente no sabía si debía confiar en él o simplemente venía a rematarlo.
Momentos antes de la llegada del extraño se mostraban escenas en las que el hombre herido luchaba por todos los medios para mantenerse vivo, por detener la hemorragia que de seguir lo hubiera llevado inexorablemente a la muerte.
Yo quedé observando fascinado esa escena. Solo una frase circulaba por mi mente en ese momento y tenía que ver con la terquedad de ese hombre para vivir, para no dejarse llevar por la muerte. El hombre estaba en un lugar descampado por el cual prácticamente no pasaban otras personas. Estadísticamente el tiempo en que se esperaba que pasara alguien con posibilidad de ayudarlo era mayor que el tiempo que le hubiera llevado desangrarse. Él parecía saber eso, se notaba en su rostro esa extraña combinación de desaliento y esperanza en lo que no sabía qué podía suceder. Su lucha por prolongar su vida, no era para prolongar su sufrimiento sino más parecía que era para poder tener tiempo de pensar en aquellas cosas que vivió, en las personas que quiere y lo quieren y al mismo tiempo arrepentirse de todo lo malo que hizo y lo bueno que no hizo.
Parecía como si todos esos pensamientos de alguna extraña manera lo impulsaran a querer más y por tanto encontrarle un sentido a seguir luchando aunque fuera en vano. El dolor era insoportable pero igual luchaba por seguir viviendo, por seguir sintiendo…
En un momento yo pensé, “por qué simplemente no sueltas el torniquete y te dejas morir, total, después de la muerte no vas a sentir nada y dejarás de sufrir, ni siquiera sentirás el deseo de seguir recordando y pensando en cosas de tu vida”. Pero el tipo seguía luchando.
Mientras las escenas seguían transcurriendo en medio de malabares del tipo por sobrevivir y al mismo tiempo intercalado con escenas de su vida, mis pensamientos me llevaron a otra época, aquella en la que pude ver a mi perrita Sophie en sus últimos días.
Pude ver claramente las escenas de cuando ella estaba cerca mi, desesperada, luchando por dar cada respiro. El cáncer le había tomado prácticamente todos los pulmones y aún cuando su muerte era inminente, ella no lo sabía y seguía luchando por respirar una vez más. En ese entonces, yo solo podía mirarla, no había mucho qué hacer, sólo esperar.
Recordé cómo se me acercaba a pedirme que le acaricie su cabecita. Era como si lo necesitara para recordar lo que vivimos juntos y al mismo tiempo hacerme recordar y valorar lo mucho que ella significó para mí. Era como si buscara reservar un recuerdo en mi memoria y asegurarlo a pesar de ya tenerlo asegurado desde prácticamente cuando llegó a mi vida. Era como si buscara sentir y recordar por última vez la sensación de sentirse querida…
Ella seguía luchando por respirar a pesar de se le iba un poco de vida con cada exhalación.
Finalmente murió. Y hasta ahora tengo el recuerdo de la lágrima que brotó de sus ojitos cuando se fue… Era como si hubiera llorado. Era como si entendiera que está dejando a muchas almas sufriendo con su muerte.
Muchas cosas en la vida no se nos van a pintar necesariamente como las queremos o las necesitamos. Eso es algo que he ido aprendiendo poco a poco.
Afortunadamente aprendí que no siempre lo mejor es huir. Muchas veces es mejor luchar, aunque sea por un tiempo, esforzarte por lograr lo que quieres y si no lo logras pues finalmente conservar el recuerdo de que hiciste lo que pudiste para lograrlo en lugar de recordarte a ti mismo con los brazos cruzados esperando que las cosas se hagan solas. Y reconozco que algunas cosas muy valiosas he llegado a ganar con esa filosofía pero que también he sufrido la derrota y aunque es muy dolorosa, la sensación de haberla sufrido luchando es muy diferente que sin luchar, ni peor ni mejor, sino diferente. Te permite decir en un intento por explicar por qué aquello no forma parte de tu vida: “lo bueno, es que lo intenté…”
Por eso cuando quieras algo, lo que sea, en tanto lo quieras con todas tus fuerzas, no sólo estarás presto a hacer cualquier cosa por lograrlo sino que esa misma fuerza que te da el desear te servirá como impulso…
Yo no pienso rendirme…
¿El programa de televisión? Pues contra todo cálculo probabilístico una persona que supo atender sus heridas pasó por dónde estaba el hombre herido el cual finalmente pudo salvarse. Ergo, muchas veces vale la pena tomar riesgos y afrontar las circunstancias por muy dolorosas que sean, total, después del dolor, solo está la muerte.
jueves, 30 de junio de 2011
El Destino
Hace ya más de un año, estoy en una relación muy bonita con una chica a la que conocí mediante uno de esos juegos en línea.
No tuvo que pasar mucho tiempo para que pudiéramos descubrir que éramos almas gemelas. Nos entendemos en prácticamente todo lo que resulta relevante a una vida en conjunto.
Hemos tenido nuestras pequeñas peleas a lo largo del tiempo y debo reconocer que casi siempre han sido por mi culpa. Pero sobre ello y lo mucho que aprendí con ella tal vez hable en otras publicaciones.
De lo que hoy quisiera opinar es sobre el destino de uno en la vida.
Hoy justamente comentábamos con ella sobre si es nuestro destino estar juntos o no. El porqué surgió el tema es porque justamente a pesar de la distancia, las peleas, los desalientos, los miedos y muchas cosas más externas a nosotros hemos logrado mantener el lazo íntegro al nivel más importante en una relación que es el sentimental, es decir, ella me quiere y yo a ella.
Ella que es más del tipo de persona fantástico-imaginativo (por ponerle un adjetivo) tiene el concepto de que el destino es como un hilo de vida en cada persona, que inexorablemente debemos seguir sin poder negarnos. Todo aquello que logremos o no en la vida ha estado previamente escrito en nuestro destino. Y si en un intento por cambiar ese destino haces algún esfuerzo, pues entonces estaba en tu destino hacer tal esfuerzo. Y si, inmediatamente cambias de opinión y te niegas a esforzarte por cambiarlo pues estaba en tu destino cambiar de opinión.
En general, hay mucha gente que piensa de esa manera ante lo cual yo aunque no estoy de acuerdo lo tengo muy en consideración ya que una ciencia que estudie sobre el tema no existe y creo que no existirá hasta cuando se inventen las máquinas del tiempo. En esa forma de percibir el destino yo puedo inferir cualquiera de dos cosas: 1) o realmente el destino lo tenemos escrito desde que nacemos y solo debemos seguir su curso, o; 2) El destino como tal no existe y es un ente que se crea dinámicamente con nuestras acciones, es decir, antes de dar un paso, colocamos primero un peldaño que es lo que vamos a hacer.
Dentro de estas dos inferencias yo me inclinaría más por la segunda. Sin embargo, por muy irracional que pueda parecer también tengo en cuenta la primera. Principalmente porque hay cosas que no depende completamente de uno mismo sino del entorno en el que uno se desenvuelve.
Mi postura es como dije, una combinación de ambas. Para mí el destino es un algo hacia lo que nos dirigimos, no precisamente el camino, sino la meta. Lo que ocurra durante el tiempo que recorremos el camino hacia esa meta va a depender mucho de lo que hagamos o no. Eso significa que si nos lo ponemos como destino, ese algo no llegará necesariamente a nuestra vida sino que va a depender mucho de lo que hagamos o no por lograrlo.
Así, si algo se me presenta como un posible destino en mi vida, pero me quedo de brazos cruzados sencillamente ese algo no va a llegar a mi vida salvo que un golpe de suerte provoque que algún ente me lo acerque. Pero la vida por lo general no es así. En la vida uno debe hacer cosas por lograr cosas. Si no haces nada, los elementos simplemente tomarán cuenta de tu ser y lo irán desapareciendo con el tiempo. Una piedra puede estar siglos en un solo lugar y es su ambiente dinámico externo lo que de alguna manera va a lograr que esa piedra se desintegre, se mueva, se transforme, etc. Si todo su entorno fuera pasivo, sencillamente todo seguirá así en la eternidad, pero eso no ocurre nunca ya que todo está en movimiento constante.
En cambio, un ser vivo y en especial el ser humano, no solo es un ente dinámico sino que posee una capacidad para poder tomar decisiones acerca de dicha dinámica y redirigirla como más conveniente considere. Es por eso que podemos tomar buenas o malas decisiones en nuestro camino a lograr lo que queremos.
Normalmente, cuando deseamos algo inadvertidamente lo convertimos en un destino ponemos la mirada en el horizonte apuntando hacia él. En principio no miramos los obstáculos potenciales que podemos encontrar. Pero en la medida de nuestra mayor o menor experiencia podemos suponer que habrá escollos que debemos superar para poder llegar. Y con ello en mente nos lanzamos hacia esa meta y tarde o temprano nos encontramos con dichos obstáculos y es entonces cuando comenzamos a tomar decisiones para procurar la manera más eficaz de saltar dicho obstáculo. Algunas veces, y de acuerdo también a nuestra experiencia y conocimiento, esas decisiones serán buenas o malas en la medida que nos acerquen o nos alejen de nuestra meta. Algunas veces una decisión mala se puede convertir en buena por cuestiones del azar, otras una decisión buena se puede convertir en mala por la misma razón.
Pero el destino propiamente dicho no está en ese camino, sino en lo que queremos alcanzar. Lo demás es el camino a recorrer que no deja de ser importante ya que en la medida que nos exija mayor o menor sacrificio llegar es cuando más valoraremos aquello que queremos lograr.
Ciertamente, algunos se cansan de luchar y se quedan a medio camino a expensas de la suerte o algún otro ser que se cruce en su camino y eso por lo general crea frustración, disconformidad. Es entonces cuando dichas personas están a merced una vez más de los elementos y simplemente tienen dos opciones seguir luchando o quedarse ahí a ser pisoteados por quienes están por pasar.
Es por eso que yo pienso que el destino es algo fijo, en tanto es algo que uno decide como sitio a donde llegar. Y al mismo tiempo es algo dinámico en tanto nosotros decidamos luchar por alcanzarlo o simplemente quedarnos ahí solo mirándolo o bajar los ojos en busca de un destino menos importante.
Al final, uno mismo decide su destino…
No tuvo que pasar mucho tiempo para que pudiéramos descubrir que éramos almas gemelas. Nos entendemos en prácticamente todo lo que resulta relevante a una vida en conjunto.
Hemos tenido nuestras pequeñas peleas a lo largo del tiempo y debo reconocer que casi siempre han sido por mi culpa. Pero sobre ello y lo mucho que aprendí con ella tal vez hable en otras publicaciones.
De lo que hoy quisiera opinar es sobre el destino de uno en la vida.
Hoy justamente comentábamos con ella sobre si es nuestro destino estar juntos o no. El porqué surgió el tema es porque justamente a pesar de la distancia, las peleas, los desalientos, los miedos y muchas cosas más externas a nosotros hemos logrado mantener el lazo íntegro al nivel más importante en una relación que es el sentimental, es decir, ella me quiere y yo a ella.
Ella que es más del tipo de persona fantástico-imaginativo (por ponerle un adjetivo) tiene el concepto de que el destino es como un hilo de vida en cada persona, que inexorablemente debemos seguir sin poder negarnos. Todo aquello que logremos o no en la vida ha estado previamente escrito en nuestro destino. Y si en un intento por cambiar ese destino haces algún esfuerzo, pues entonces estaba en tu destino hacer tal esfuerzo. Y si, inmediatamente cambias de opinión y te niegas a esforzarte por cambiarlo pues estaba en tu destino cambiar de opinión.
En general, hay mucha gente que piensa de esa manera ante lo cual yo aunque no estoy de acuerdo lo tengo muy en consideración ya que una ciencia que estudie sobre el tema no existe y creo que no existirá hasta cuando se inventen las máquinas del tiempo. En esa forma de percibir el destino yo puedo inferir cualquiera de dos cosas: 1) o realmente el destino lo tenemos escrito desde que nacemos y solo debemos seguir su curso, o; 2) El destino como tal no existe y es un ente que se crea dinámicamente con nuestras acciones, es decir, antes de dar un paso, colocamos primero un peldaño que es lo que vamos a hacer.
Dentro de estas dos inferencias yo me inclinaría más por la segunda. Sin embargo, por muy irracional que pueda parecer también tengo en cuenta la primera. Principalmente porque hay cosas que no depende completamente de uno mismo sino del entorno en el que uno se desenvuelve.
Mi postura es como dije, una combinación de ambas. Para mí el destino es un algo hacia lo que nos dirigimos, no precisamente el camino, sino la meta. Lo que ocurra durante el tiempo que recorremos el camino hacia esa meta va a depender mucho de lo que hagamos o no. Eso significa que si nos lo ponemos como destino, ese algo no llegará necesariamente a nuestra vida sino que va a depender mucho de lo que hagamos o no por lograrlo.
Así, si algo se me presenta como un posible destino en mi vida, pero me quedo de brazos cruzados sencillamente ese algo no va a llegar a mi vida salvo que un golpe de suerte provoque que algún ente me lo acerque. Pero la vida por lo general no es así. En la vida uno debe hacer cosas por lograr cosas. Si no haces nada, los elementos simplemente tomarán cuenta de tu ser y lo irán desapareciendo con el tiempo. Una piedra puede estar siglos en un solo lugar y es su ambiente dinámico externo lo que de alguna manera va a lograr que esa piedra se desintegre, se mueva, se transforme, etc. Si todo su entorno fuera pasivo, sencillamente todo seguirá así en la eternidad, pero eso no ocurre nunca ya que todo está en movimiento constante.
En cambio, un ser vivo y en especial el ser humano, no solo es un ente dinámico sino que posee una capacidad para poder tomar decisiones acerca de dicha dinámica y redirigirla como más conveniente considere. Es por eso que podemos tomar buenas o malas decisiones en nuestro camino a lograr lo que queremos.
Normalmente, cuando deseamos algo inadvertidamente lo convertimos en un destino ponemos la mirada en el horizonte apuntando hacia él. En principio no miramos los obstáculos potenciales que podemos encontrar. Pero en la medida de nuestra mayor o menor experiencia podemos suponer que habrá escollos que debemos superar para poder llegar. Y con ello en mente nos lanzamos hacia esa meta y tarde o temprano nos encontramos con dichos obstáculos y es entonces cuando comenzamos a tomar decisiones para procurar la manera más eficaz de saltar dicho obstáculo. Algunas veces, y de acuerdo también a nuestra experiencia y conocimiento, esas decisiones serán buenas o malas en la medida que nos acerquen o nos alejen de nuestra meta. Algunas veces una decisión mala se puede convertir en buena por cuestiones del azar, otras una decisión buena se puede convertir en mala por la misma razón.
Pero el destino propiamente dicho no está en ese camino, sino en lo que queremos alcanzar. Lo demás es el camino a recorrer que no deja de ser importante ya que en la medida que nos exija mayor o menor sacrificio llegar es cuando más valoraremos aquello que queremos lograr.
Ciertamente, algunos se cansan de luchar y se quedan a medio camino a expensas de la suerte o algún otro ser que se cruce en su camino y eso por lo general crea frustración, disconformidad. Es entonces cuando dichas personas están a merced una vez más de los elementos y simplemente tienen dos opciones seguir luchando o quedarse ahí a ser pisoteados por quienes están por pasar.
Es por eso que yo pienso que el destino es algo fijo, en tanto es algo que uno decide como sitio a donde llegar. Y al mismo tiempo es algo dinámico en tanto nosotros decidamos luchar por alcanzarlo o simplemente quedarnos ahí solo mirándolo o bajar los ojos en busca de un destino menos importante.
Al final, uno mismo decide su destino…
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