miércoles, 13 de julio de 2011

Existe el amor virtual?

Ayer me puse a reflexionar sobre la relación que llevo con mi enamorada.
Pero primero veamos los hechos:
• Nunca nos hemos visto personalmente de donde se desprende fácilmente que nunca siquiera la he tocado.
• Nunca hemos tenido la oportunidad de conversar por teléfono debido a limitaciones en su casa con el uso del mismo.
• Si bien ya hemos establecido una fecha de encuentro, ni así podemos asegurar que una vez juntos la relación perdure debido a una serie de razones “logísticas” y emocionales.
• A pesar de ser una relación “virtual”, ya que nos vemos por cámara, se puede afirmar que ambos estamos completamente seguros de la fidelidad y sentimiento de exclusividad del otro. Ambos nos sentimos muy queridos.
Aclarado esto, viene ahora la parte “social”.
Cuando a mis amigos más allegados, por llamarlos de alguna manera, les comento sobre mi relación con ella, de una manera automática surgen preguntas de índole “contacto físico” o al menos “visual”. Todo ello curioseando, más para estar seguros creo, si es que nunca hemos estado juntos. Incluso en muchos casos siempre aparece la típica pregunta testosterónica, “¿o sea que hasta no…? A lo que yo les respondo categóricamente: NO!
Parece ser que la idea de iniciar una relación a la distancia y poder mantenerla durante tanto tiempo en esas condiciones es, para la mayoría al menos, una cosa ingenua y hasta imposible.
Algunas veces escucho comentarios en los que dejan entrever una altamente posible infidelidad con frases como “amor de lejos, felices los cuatro”, “amor de lejos, amor de pendejos” y similares.
Sin embargo, yo no siento pecar de ingenuo al confiar en ella y mucho menos de mantener mi fidelidad hacia ella. Siento que ambos disfrutamos anticipadamente de ese tipo de conducta de dedicación que cualquier pareja cercana se puede dar.
Una cosa es segura. Si ambos hemos podido mantener un sentimiento vivo sin necesidad del contacto físico, entonces eso es un indicador de que el sentimiento trasciende a cualquier otro asunto de carácter físico. Por lo general, son los asuntos de comportamiento y carácter los que terminan con una relación. Los caracteres físicos son fácilmente pasados por alto cuando existe un cariño por la pareja.
En la forma en que nosotros lo miramos, hemos aprendido a mirar todo este tiempo que hemos estado y el que aún nos falta por esperar antes de estar juntos, como un tiempo para ir conociéndonos e ir aceptando algunos defectos del otro y enamorándose de sus buenas cualidades. Así, cuando finalmente nos encontremos, nosotros habremos superado en gran parte esa emoción agridulce de no conocer a tu pareja y no saber a ciencia cierta qué te espera. Nuestra emoción será la de aquel que espera con ansias la llegada de aquello que tanto deseó, ya que durante todo este tiempo nos pudimos conocer lo bastante a nivel sentimental como para tener una idea de con quién tratamos.
La fidelidad? Para mí no es ningún problema, y estoy seguro de que para ella tampoco. Es fácil ser fiel cuando realmente quieres a una persona. Obviamente, todo esto hablando de la más pura forma occidental de amar en la que uno considera la fidelidad con la exclusividad incluida.
No considero mi relación con ella como algo imaginario mucho menos ingenuo. Muchos sí y la razón de ello es porque no se imaginan viviendo una cosa de tamaña magnitud. Para aquellos es necesario poder tocar para creer. Y aún así, ellos pueden estar con una persona y en muchas ocasiones todo no pasa de un manoseo con su respectivo besuqueo y posible “encamamiento” y eso ellos lo consideran más valiosos que una relación como la nuestra. La consideran más segura.
Es ahí donde yo más bien veo la ingenuidad de ellos, ya que una persona te puede ser infiel aún viviendo en tu misma cuadra.
Para nosotros, una relación que dura tanto tiempo como el que tenemos sin el apremio disuasivo de lo físico, es una relación que más posibilidades tiene de mantenerse por una columna de sentimientos que una de carácter físico.
Y entonces, ¿qué tiene que ver el título con todo lo que he escrito?
Pues tenía que explicar primero todo lo anterior para que se pudiera entender lo que yo opino de esa forma de denominar a mi relación con ella.
Muchas veces, mi familia, amigos, y personas que se enteran de mi relación la llaman “tu novia virtual”, “tu relación virtual”, “tu amor virtual”, y cualquier otra expresión que traiga consigo el adjetivo “virtual”. Sin embargo, todos esos usos solo hacen patente la ignorancia que tienen del significado virtual en el contexto que ellos refieren.
Lo llaman virtual por el simple hecho de mantenerse la relación por medio de una conexión a internet y como todo lo que tiene que ver con internet y las computadoras en la actualidad se ha optado por el vicio de llamarlo “virtual” pues resulta lógico calificar una relación entre dos personas sostenida por este medio como “virtual”.
En el sentido informático, virtual se refiere a todo escenario que es creado mediante cálculo computacional. Toda la información se almacena en circuitos eléctricos y es maneja por un procesador central. De esta manera, se crea, por lo general de manera gráfica, un ambiente digital en el que se puede “sumergir” a un ser humano que esté predispuesto a imaginar que el escenario es real. Lo cierto, es que todo ello existe en tanto el computador este encendido. Una vez se apaga, toda esa “realidad” desaparece.
Es por eso, que yo rotundamente me niego a aceptar que a mi relación con ella la califiquen como virtual. Ella no está conformada por un complejo enmarañado de cálculos matemáticos y digitales. No desaparece cuando apagamos la computadora, desaparece su imagen pero físicamente ella sigue en su país. Expresa las emociones tal cual un ser humano y no con la seudoaleatoriedad de un programa informático. A ella sé dónde encontrarla y el inminente encuentro está por venir en una fecha determinada. Ella ríe, llora, se entristece y alegra de una manera que difícilmente va a poder imitar un ordenador. Incluso, nuestros deseos comunes e individuales nos lo expresamos y sabemos que aún con dificultades son perfectamente factibles de ser realizados. Todo eso, por no seguir mencionando más. Alguna de esas cosas la puede lograr alguien con la realidad virtual creada en un computador?? La verdad no lo creo.
Si un día alguien inventa un computador que sea capaz de “crear” digitalmente a una chica de la cual un ser humano pueda enamorarse y finalmente terminar formando una familia, entonces ese día tampoco llamaré a mi novia virtual… solo corregiré mi concepto de la virtualidad por uno que se acerque un poquito más al carácter humano, ese carácter humano que nos da el haber nacido de un vientre materno como lo hicimos nosotros y no sea producto de una compleja serie de cálculos binarios.
Mi novia no es virtual. Mi relación no es virtual. Ella sueña conmigo, ella piensa en mí, ella me quiere y ninguna de esas cosas es una simulación. Ella EXISTE por tanto NO es virtual, la puedo sentir y pronto podré estar junto con ella.

martes, 5 de julio de 2011

En las buenas y en las malas

Por lo general, suelo ver el mundo de una forma bastante analítica. Son muy pocas cosas que tengan un mínimo de notoriedad que no pasen bajo mi escrutinio. Tomo esa información en cuanto aparece y comienzo a analizarlo y a dudar de todo aquello que se pueda dar por sentado sobre dicha información.
Afortunadamente, muchas de las cosas que observo ya tienen una explicación lo suficientemente demostrada como para no tener que “inventar la rueda” a cada momento. Pero hay muchas cosas que quedan sueltas y que generan polémica dentro de mí.
No pienso que sea malo hacer en eso en términos generales. Pero en mi caso sí lo es en parte.
Cuando lo aplico a temas científicos me sirve muchísimo e incluso cuando abordo de manera científica asuntos tan humanos como los sentimientos. Pero es justamente cuando analizo los sentimientos humanos que son tan controvertidos y contradictorios que paralelamente a la satisfacción que me da ponerlos en zona de debate también me generan una enorme inseguridad a nivel sentimental. Más aún con la mala experiencia que alguna vez me tocó vivir.
Una de las cuestiones que más contradigo cuando se presenta la oportunidad es aquella en la que una persona afirma que su pareja es la mejor. Sin embargo, nunca restringen el campo de comparación y mucho menos han evaluados a todas las otras opciones que supuestamente son “menos buenas”. De esta manera uno puede ser el mejor de su ciudad, de su páis, del mundo, del universo, etc. Y por otro lado para poder algo tener el título de “el mejor” es porque quien pone ese calificativo ha evaluado a cada uno de los integrantes que conforman dicho conjunto. Pero, hasta ahora no he visto que en esas cuestiones sentimentales, alguien haya hecho un sondeo de tal magnitud.
Naturalmente, visto de esa manera no es difícil darse cuenta porque en el mundo existen tantos mejores novios, hermanos, papás, mamás. etc. Entonces es cuando uno deja de reflexionar y gastar energías en ello por darse cuenta de la enorme subjetividad que tiene ese título de “el mejor”.
Pero ayer, conversando con mi novia sobre ese tema, específicamente sobre cómo podía ella saber si yo era el mejor novio que ella podía tener alguna vez (que dicho de paso y modestia aparte, siempre me lo hace saber y con una convicción muy especial).
Cuando yo le aplico un mínimo de sentido analítico a lo que ella me dice, automáticamente me sale la odiosa pregunta: ¿significa eso que antes que conmigo has estado con todos los hombres del mundo? Objetivamente hablando es la única manera en cómo ella podría afirmar categóricamente que soy el mejor. Pero no, ocurre que al igual que yo, ambos somos entes muy poco recorridos en el ámbito amoroso por lo que se descarta esa manera de descubrir que soy el mejor para ella.
Y entonces. ¿cómo puede ella afirmar y estar tan segura de que lo soy? La respuesta me llegaría momentos más tarde en esa misma conversación, en la cual, en una mezcla de objetividad y subjetividad, me dejó sin palabras, más precisamente mascullando algunos intentos por decir algo.
Seguíamos debatiendo sobre el asunto y en medio de toda la argumentación propia de cuando se analiza algo yo intento darle la estocada a uno de sus argumentos haciéndole una pregunta: “¿cómo puedes estar tan segura de que no hay nadie mejor que yo? ¿qué harías si un día en medio de la gente que puedas conocer en tu entorno de trabajo aparece un chico que te guste físicamente y que además tenga muchas cualidades que también te gusten y encima de todo te comience a cortejar?” Larga pregunta y su corta respuesta fue: “Nada”
Repregunté: “¿cómo que nada? Estoy hablando de que el chico puede incluso ser mejor que yo en lo que a ti te gusta de mi y encima lo tienes cerca, a tu alcance, no tendrías que esperar para poder tenerlo junto contigo. ¿Qué harías?” Y su respuesta: “Nada”
No le encontraba sentido a su respuesta por lo que nuevamente refuté: “pero ¿qué sentido tiene lo que dices?” y esta vez ella alargó un poco más su respuesta.
“No haría nada porque yo te quiero a ti. Porque tu estuviste conmigo aún cuando estuve mal y ni loca me arriesgaría a estar con otro que me busca solo porque me encuentra bien…”
Me dejó sin mucho que decir no solamente porque me respondió con algo que ella sentía en sí misma sino porque parte de las razones que para ella me hacían único eran cosas que yo había hecho para con ella… intenté decir algunas cosas, balbucearlas más concretamente, hasta que finalmente preferí mantener un honroso silencio y decirle: “No hay mucho que pueda decir ante esa respuesta”
Más tarde cuando nos despedimos, al irme a dormir, me quedé pensando un rato más en ese tema y entonces me di cuenta de que en realidad lo que nos hace únicos para una determinada persona es en gran medida el agradecimiento que esa persona le dedica a uno y el cariño que eso genera, cuando de una u otra manera le has ayudado en alguna o varias cosas en su vida. Es como un tributo que te rinde, es como si te dijera: “No sé si seas el mejor del mundo, pero de lo que estoy segura es que, en mi mundo, tú eres el mejor”
Y entonces terminé de entender por qué en el mundo hay tantos mejores novios, papás, mamás, etc. Sencillamente no había considerado lo importante que es para uno su propio mundo interno. Lo había ignorado y hasta desdeñado.
Cuando ella me dijo esas palabras, toda aquella inseguridad que siempre me aparecía al analizar inclusive nuestra propia relación desapareció. Era como si al decirme todo eso me estuviera protegiendo de lo helados que muchas veces son los números y los conceptos…
Gracias a ella ahora puedo decir sin ningún temor a estar equivocado: “Tú también eres la mejor! “

domingo, 3 de julio de 2011

Luchar nunca es vano

Hace unos días miraba la tele y caí en un programa de esos que de alguna manera me hacen entrar en una especie de contradicción no tanto por la forma en que se presenta la situación sino por el fondo de la misma.
Contar todo el programa está de más. La escena era la de un hombre que había sido herido. Estaba sólo. Al poco, llegó una persona, desconocida para él por lo que prácticamente no sabía si debía confiar en él o simplemente venía a rematarlo.
Momentos antes de la llegada del extraño se mostraban escenas en las que el hombre herido luchaba por todos los medios para mantenerse vivo, por detener la hemorragia que de seguir lo hubiera llevado inexorablemente a la muerte.
Yo quedé observando fascinado esa escena. Solo una frase circulaba por mi mente en ese momento y tenía que ver con la terquedad de ese hombre para vivir, para no dejarse llevar por la muerte. El hombre estaba en un lugar descampado por el cual prácticamente no pasaban otras personas. Estadísticamente el tiempo en que se esperaba que pasara alguien con posibilidad de ayudarlo era mayor que el tiempo que le hubiera llevado desangrarse. Él parecía saber eso, se notaba en su rostro esa extraña combinación de desaliento y esperanza en lo que no sabía qué podía suceder. Su lucha por prolongar su vida, no era para prolongar su sufrimiento sino más parecía que era para poder tener tiempo de pensar en aquellas cosas que vivió, en las personas que quiere y lo quieren y al mismo tiempo arrepentirse de todo lo malo que hizo y lo bueno que no hizo.
Parecía como si todos esos pensamientos de alguna extraña manera lo impulsaran a querer más y por tanto encontrarle un sentido a seguir luchando aunque fuera en vano. El dolor era insoportable pero igual luchaba por seguir viviendo, por seguir sintiendo…
En un momento yo pensé, “por qué simplemente no sueltas el torniquete y te dejas morir, total, después de la muerte no vas a sentir nada y dejarás de sufrir, ni siquiera sentirás el deseo de seguir recordando y pensando en cosas de tu vida”. Pero el tipo seguía luchando.
Mientras las escenas seguían transcurriendo en medio de malabares del tipo por sobrevivir y al mismo tiempo intercalado con escenas de su vida, mis pensamientos me llevaron a otra época, aquella en la que pude ver a mi perrita Sophie en sus últimos días.
Pude ver claramente las escenas de cuando ella estaba cerca mi, desesperada, luchando por dar cada respiro. El cáncer le había tomado prácticamente todos los pulmones y aún cuando su muerte era inminente, ella no lo sabía y seguía luchando por respirar una vez más. En ese entonces, yo solo podía mirarla, no había mucho qué hacer, sólo esperar.
Recordé cómo se me acercaba a pedirme que le acaricie su cabecita. Era como si lo necesitara para recordar lo que vivimos juntos y al mismo tiempo hacerme recordar y valorar lo mucho que ella significó para mí. Era como si buscara reservar un recuerdo en mi memoria y asegurarlo a pesar de ya tenerlo asegurado desde prácticamente cuando llegó a mi vida. Era como si buscara sentir y recordar por última vez la sensación de sentirse querida…
Ella seguía luchando por respirar a pesar de se le iba un poco de vida con cada exhalación.
Finalmente murió. Y hasta ahora tengo el recuerdo de la lágrima que brotó de sus ojitos cuando se fue… Era como si hubiera llorado. Era como si entendiera que está dejando a muchas almas sufriendo con su muerte.
Muchas cosas en la vida no se nos van a pintar necesariamente como las queremos o las necesitamos. Eso es algo que he ido aprendiendo poco a poco.
Afortunadamente aprendí que no siempre lo mejor es huir. Muchas veces es mejor luchar, aunque sea por un tiempo, esforzarte por lograr lo que quieres y si no lo logras pues finalmente conservar el recuerdo de que hiciste lo que pudiste para lograrlo en lugar de recordarte a ti mismo con los brazos cruzados esperando que las cosas se hagan solas. Y reconozco que algunas cosas muy valiosas he llegado a ganar con esa filosofía pero que también he sufrido la derrota y aunque es muy dolorosa, la sensación de haberla sufrido luchando es muy diferente que sin luchar, ni peor ni mejor, sino diferente. Te permite decir en un intento por explicar por qué aquello no forma parte de tu vida: “lo bueno, es que lo intenté…”
Por eso cuando quieras algo, lo que sea, en tanto lo quieras con todas tus fuerzas, no sólo estarás presto a hacer cualquier cosa por lograrlo sino que esa misma fuerza que te da el desear te servirá como impulso…
Yo no pienso rendirme…
¿El programa de televisión? Pues contra todo cálculo probabilístico una persona que supo atender sus heridas pasó por dónde estaba el hombre herido el cual finalmente pudo salvarse. Ergo, muchas veces vale la pena tomar riesgos y afrontar las circunstancias por muy dolorosas que sean, total, después del dolor, solo está la muerte.