Hoy culminó una etapa de mi vida, bueno me la hicieron culminar, pero al fin y al cabo terminó y punto.
Me refiero nada más y nada menos que a una bonita relación que tuve por internet con una chica argentina.
Duró poco menos de un año y cuatro meses. Fue el año con cuatro meses más lindo que jamás he vivido a pesar de no haberla podido sentir nunca, de nunca haberla podido besar ni abrazar o susurrarle al oído lo mucho que la quiero.
Quizá muchos puedan preguntarse cómo alguien que habla tan bien de una relación que terminó puede actualmente estar sin esa persona y pues la respuesta es tan simple como complicada.
Lo simple es la distancia. No soy de los que piensan que la distancia le ganó al amor ya que yo todavía la quiero. No estoy seguro si por el lado de ella aún perdure su cariño por mí, pero debo aclarar que fue ella quien propuso el que cada quien siga su camino.
Lo complicado es todo lo que contrae dicha distancia, dicha internacionalidad. Papeleos, trabas documentarias, dinero, trabajo, posibilidades de poder sobrevivir en una tierra extraña en la que ni ella misma, siendo de ese lugar, sabe cuál será su destino.
Lo cierto es que nunca pensé que Argentina estuviera tan mal, pero aún enterándome de ello estuve dispuesto a intentarlo. Desgraciadamente, las cosas se dieron así.
Y ni que decir de su madre, ya por las fechas en que esto ocurre supongo que conocerán de qué época es y la manera en como más o menos piensa. Definitivamente un obstáculo en el desarrollo de ella, mi ex novia, y una traba constante en el camino.
De mucho de esto hay bastante para aprender y dar a aprender.
Una de ellas es que como ya muchos sicólogos dicen, decir la verdad todo el tiempo no ayuda a una relación. Y es que esto me suena un poco feo porque a uno le trae inmediatamente la idea de mentir. Pero cuando lo piensas mejor, te das cuenta que no necesariamente es así, simplemente es no decir. Y siendo así podría de alguna manera estar de acuerdo.
Lo otro es no dejar que otros decidan por uno. Eso es muy común en personas que son extremadamente dependientes. Yo lo fui durante mucho tiempo y sé perfectamente lo que se siente. Por suerte un día me decidí a que dejara de ser así y pues aunque sigo en la lucha, no me puedo quejar de los resultados que he obtenido.
Además cuando dos personas en verdad se quieren no sólo una debe estar dispuesta a hacer lo imposible por estar juntos sino las dos. Ello, es cierto, implica una confianza ciega en la otra persona pero si eso no se da pues muy difícil será que el uno confíe en el otro para poner su vida en sus manos. Yo estuve a un paso de hacerlo. Finalmente no se dio la oportunidad. Si bien no puedo decir que me alivia, ya que es algo que en verdad quería hacer, no puedo ocultar que algo de disconformidad me quedó de la manera en que todo se frustró.
Por suerte, aceptó que seamos amigos, y pues si bien no será igual que antes, lo esencial de ella que es su personalidad, su manera de ser, su forma de expresarse, lo que dice y cosas de esa naturaleza que delatan el interior de una persona disimularán en alguna medida el que ella ya no sea mi novia. No habrá te quieros, ni la palabra amor dedicada al otro, pero habrán las cosas graciosas que ella nunca dejó de decir, su agradable sentido del humor, sus momentos de pesimismo y depresión, su defensa encarnizada por las cosas esotéricas y sobrenaturales y todas eso que desde el primer mensaje siempre me hicieron verla como una persona muy especial, una persona con la que nunca imaginé que me aventuraría en este año y pico de vivencias muy únicas, muy bonitas.
En una carta que le mandé, le envié unos dijes. Uno de ellos era una llavecita, que encaja perfectamente en un corazón de plata que tengo grabado con mi nombre. La llave tiene su nombre. Y el otro es una mitad de un corazón en el que hay un chico grabado a un lado y mi nombre en el otro.
Esos dijes siempre tuvieron un significado muy especial para mí. Nunca supe si tuvieron el mismo significado para ella o si solo los veía como simples recuerdos. Para mi simbolizaban la promesa de un día estar juntos y poder juntar los dijes y completar la figura.
Si bien en cierto en ese tipo de simbologías cuando una relación se destruye para siempre el que la rompe debe devolver los dijes al otro, yo prefiero dejar esos dijes en poder de ella como una muestra de que esa promesa yo no la he roto y que por más que seamos amigos, algún día iré para poder unirlos aunque sea como un acto meramente simbólico y de paso para conocernos personalmente. Esta vez no se los pedí porque tengo la pequeña esperanza de que con el tiempo ella se enamore nuevamente de mí y entonces esos dijes vuelvan a tener el enorme valor que tuvieron hasta el día de hoy.
Cuando ella decida que ya definitivamente no quiere ni siquiera considerar la posibilidad de estar juntos entonces me los devolverá y eso sin palabras me dará a entender que mis esperanzas de algún día poder besarla y decirle te quiero mirándola a los ojos serán complemente nulas. Eso no se lo dije, pero se lo diré mañana para que lo tenga siempre presente. Sin embargo, sé que debo mantener en reserva mis esperanzas ya que cuando le pregunté si me quería me dijo que no lo sabía...
Seguramente ahora que ya no conversaremos tanto como antes, aunque espero poder seguir conversando con ella todos los días, iré publicando algunas de nuestras vivencias virtuales más sobresalientes, en parte no solo para compartir simplemente la historia sino para compartir la experiencia que viví con personas que pasen por algo similar.
Esta relación (que para mí no ha terminado) no tuvo un final feliz en términos del amor, pero sé de muchas que terminaron muy felices así como de una que otra que terminó en desastre de lo cual también contaré seguramente en algún momento.
Dedicado a P.G.G. con todo cariño y el respeto que te mereces y en nombre del mucho cariño que me prodigaste cuando aún me querías. A pesar de las reglas sociales, yo me rebelo, me pongo de pie y te digo: TE QUIERO MUCHO, AMORE!!!